La Provincia presentó un informe sobre cianobacterias que reúne seis años de monitoreo, alertas ambientales y trabajo científico para prevenir riesgos y proteger los cuerpos de agua bonaerenses.
Las floraciones de cianobacterias representan un desafío ambiental que requiere vigilancia constante, coordinación entre organismos públicos y herramientas capaces de advertir sobre posibles riesgos para la población. En la provincia de Buenos Aires, el seguimiento de estos fenómenos se convirtió en una política que combina información científica, participación municipal y mecanismos de alerta para quienes utilizan ríos, lagunas y otros espacios acuáticos.
El problema no se limita a la apariencia del agua. Algunas floraciones pueden producir toxinas perjudiciales para la salud, por lo que su detección temprana resulta importante para prevenir exposiciones durante actividades recreativas y para orientar las medidas de cuidado en cada lugar.
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En ese contexto, el Gobierno bonaerense presentó un documento técnico que reúne los resultados de seis años de trabajo y describe la evolución de un programa destinado a mejorar la detección de estos episodios. La experiencia también permite observar cómo se articulan los equipos provinciales, los municipios, la comunidad científica y los habitantes de las localidades involucradas.
Cianobacterias: seis años de monitoreo y prevención
El programa de Gestión Integral de Cianobacterias comenzó en 2020 y, desde entonces, incorporó nuevas herramientas y amplió su presencia territorial. Según el informe presentado por la Provincia, la red de seguimiento ya incluye a 50 municipios y cuenta con más de 90 puntos de control distribuidos en distintos cuerpos de agua bonaerenses.
Otro de los resultados informados es la capacitación de más de 1.300 personas. La formación apunta a fortalecer las tareas de vigilancia, mejorar la identificación de posibles floraciones y favorecer la circulación de información entre los equipos técnicos y las comunidades.
La presentación del documento se realizó durante la jornada denominada “Gestión Integral de Cianobacterias: Bases para una política pública desde la experiencia de la Provincia de Buenos Aires”. El encuentro fue organizado por el Ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos, a través de la Subsecretaría de Recursos Hídricos, y se desarrolló en modalidad híbrida.
El subsecretario de Recursos Hídricos, Néstor Álvarez, destacó el crecimiento del programa y señaló que las consultas al cianosemáforo aumentan durante los meses de verano. Para el funcionario, ese comportamiento refleja una mayor atención de la población frente a las condiciones de los espacios acuáticos.
Por su parte, el presidente de la Autoridad del Agua, Damián Costamagna, recordó que la iniciativa comenzó en 2020 y fue incorporando mejoras a medida que se extendía el trabajo conjunto con los distritos.
El cianosemáforo como herramienta de alerta
Uno de los instrumentos centrales del programa es el cianosemáforo, un sistema de consulta pública que permite conocer el nivel de alerta informado para distintos espacios acuáticos. Su utilidad consiste en acercar información a vecinos, turistas y deportistas antes de que ingresen al agua.
La herramienta superó el millón de visitas, de acuerdo con los datos presentados por las autoridades provinciales. El volumen de consultas muestra el interés que genera el estado de los cuerpos de agua, especialmente durante la temporada en la que aumentan las actividades recreativas al aire libre.
El sistema forma parte de una estrategia de alerta temprana que combina observaciones en el territorio con tareas técnicas de seguimiento. Los equipos municipales aportan información sobre las condiciones visibles de los ambientes acuáticos, mientras que los organismos especializados contribuyen a interpretar los datos y definir las alertas correspondientes.
La presencia de cianobacterias no implica que todos los episodios tengan el mismo nivel de riesgo. Por ese motivo, las recomendaciones dependen de la situación informada para cada lugar. La Provincia difunde los estados de alerta para orientar las decisiones de la población y reducir la exposición cuando se detectan floraciones que pueden afectar la salud.
El monitoreo también tiene una dimensión preventiva: permite que la información no quede restringida a especialistas y que las comunidades puedan consultar las condiciones de los espacios que frecuentan.
Ciencia, municipios y participación ciudadana
El informe presentado también reúne experiencias locales que muestran cómo se aplica el programa en diferentes territorios. Una de ellas es la Mesa de Trabajo Chascomús, un ámbito de cooperación entre organismos públicos y científicos que fue expuesto por representantes municipales y del sistema científico.
La experiencia busca fortalecer el intercambio de información y la coordinación de tareas frente a las floraciones. También se informó que comenzó a desarrollarse una iniciativa similar en Mar Chiquita junto con el Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Biotecnología (INBIOTEC).
La educación ambiental constituye otro componente de la estrategia. Durante la jornada se presentó el proyecto escolar “Guardianes del Lago del Monte”, impulsado por estudiantes de quinto año de la Escuela Primaria N.º 1 de Guaminí junto con la docente Karen Schmidt. La iniciativa fue declarada de interés legislativo municipal.
A su vez, el investigador del CONICET y del Instituto de Limnología “Dr. Raúl A. Ringuelet”, Joaquín Cochero, expuso sobre CianoAlertAR, una aplicación comunitaria y abierta que busca promover la participación ciudadana en la producción de información ambiental.
El encuentro también incluyó experiencias internacionales vinculadas con la reducción de nutrientes y la eutrofización, un proceso asociado al enriquecimiento excesivo de los ambientes acuáticos. Se presentaron trabajos de la Comunidad uPcycle, de la Universidad de Wageningen, en Países Bajos, y del Plan de Descontaminación del Lago Villarrica, en Chile.
La renovación de representantes de la Mesa de Consultas del programa cerró la jornada con el objetivo de sostener la articulación entre los distintos sectores. El desafío será mantener el seguimiento, actualizar la información y reforzar la prevención para que los datos científicos se traduzcan en decisiones útiles para la población.
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