La crecida del Paraná encendió las alarmas en el norte bonaerense, donde productores ganaderos trasladan animales hacia terrenos elevados ante los pronósticos de una nueva suba del río.
En los campos de las islas del norte bonaerense, la actividad ganadera atraviesa días de incertidumbre. El avance del agua obliga a reorganizar las tareas habituales, modificar los movimientos de la hacienda y buscar alternativas para evitar que los animales queden atrapados en sectores que podrían inundarse durante las próximas semanas.
Contenido de esta nota
La creciente cambia la rutina en las islas
La preocupación no responde solamente al nivel que alcanza actualmente el río. Los pronósticos sobre su evolución indican que la situación podría complicarse durante la segunda mitad de octubre, lo que llevó a los productores a intensificar los traslados hacia zonas más altas. La prioridad es retirar los animales antes de que el agua cubra los lugares utilizados para el pastoreo y la permanencia del ganado.
El escenario afecta especialmente a los establecimientos ubicados en las zonas insulares frente a San Nicolás, Ramallo y San Pedro, donde la ganadería depende de las condiciones naturales de los campos y de la posibilidad de mover los animales cuando las crecientes reducen la superficie disponible.
La evacuación requiere tiempo, organización y recursos. No se trata de trasladar toda la hacienda en un solo movimiento, sino de coordinar viajes sucesivos para llevar los animales a sectores que ofrezcan mejores condiciones. Por eso, la anticipación se convirtió en un factor determinante para los productores que buscan reducir los riesgos.
Crecida del Paraná: el traslado de animales se acelera
Las advertencias sobre la evolución de la crecida del Paraná llevaron a intensificar las tareas en una región donde la hacienda debe desplazarse antes de que las zonas bajas pierdan condiciones para su permanencia.
Según informó la Agencia DIB, a partir de datos publicados por el diario El Norte, el productor Fernando Coronel explicó que están realizando dos o tres viajes diarios para evacuar animales. También advirtió que, en un plazo aproximado de 30 días, deberán trasladarse los 5.000 animales que hay en la zona.
La magnitud de esa tarea permite dimensionar el desafío que enfrenta la actividad ganadera. Cada movimiento requiere coordinar el traslado de los ejemplares y disponer de lugares adecuados para recibirlos. Si la creciente avanza con mayor rapidez de la prevista, el margen para completar la evacuación podría reducirse y aumentar las dificultades operativas.
Coronel señaló que una parte del ganado había comenzado a trasladarse aproximadamente un mes y medio antes. Sin embargo, las referencias del Instituto Nacional del Agua (INA) reforzaron la necesidad de continuar con el operativo y retirar los animales que todavía permanecen en sectores expuestos.
La expectativa es que los movimientos se aceleren durante la semana siguiente a la publicación del informe, debido al riesgo de que el agua alcance los espacios donde habitualmente se alimenta y permanece la hacienda.
El objetivo es evitar que la emergencia obligue a realizar traslados apresurados en condiciones más complejas. Cuando el agua avanza sobre los campos, la disponibilidad de caminos, accesos y superficies transitables puede convertirse en una dificultad adicional para completar las tareas.
Los pronósticos anticipan nuevas complicaciones
El informe semanal del INA, emitido el 14 de octubre, ubicó al Paraná entre los ríos que generan mayor preocupación para los próximos meses. El organismo advirtió sobre una crecida significativa durante las dos últimas semanas de octubre, en el marco de una evolución hidrológica que también mantiene bajo seguimiento a otras zonas de la cuenca.
Las proyecciones señalaron una elevada probabilidad de que el río alcance niveles de alerta en Corrientes y Goya alrededor del 17 de octubre. Para La Paz, el organismo estimó la posibilidad de llegar a ese nivel cerca del 19 y de alcanzar la referencia de evacuación alrededor del 21. Más al sur, Santa Fe y Rosario continuarían registrando una suba, con posibilidades de aproximarse o superar niveles de alerta durante la última parte del mes.
En el norte bonaerense, las referencias difundidas por El Norte indicaban que el nivel del Paraná a la altura de San Nicolás podría acercarse a los tres metros hacia fines de octubre. Se trata de una proyección que explica la preocupación de los productores, aunque la evolución efectiva dependerá de las condiciones hidrológicas.
Con la crecida del Paraná, el panorama también está relacionado con los pronósticos climáticos vinculados al fenómeno de El Niño, que alimentan la expectativa de que la creciente pueda prolongarse. No obstante, la magnitud y la duración del episodio estarán condicionadas por las precipitaciones, los niveles de los ríos y la respuesta de la cuenca.
Para los productores, el problema no termina cuando los animales llegan a un terreno más elevado. La permanencia prolongada del agua puede afectar las pasturas y dificultar la recuperación de los campos naturales. Si las inundaciones se extienden hasta marzo o abril de 2027, la disponibilidad de alimento podría verse comprometida antes del invierno.
La crecida del Paraná plantea así un doble desafío para la ganadería regional: completar a tiempo la evacuación de los animales y encontrar condiciones adecuadas para sostener la actividad mientras persistan los efectos del avance del agua.
El diario



