Se presentó un nuevo informe del Inventario Nacional de Glaciares argentinos, que revela una pérdida del 42 % de la superficie glaciar durante los últimos 30 años, con una aceleración marcada en la última década.
El retroceso se atribuye al cambio climático y al avance de la actividad minera, incluso en zonas protegidas por ley.
Indudablemente estamos entrando en una crisis ambiental grave, pues se perdieron más de 8.400 kilómetros cuadrados de hielo.
Aunque la Ley Nacional de Glaciares 26.639 contribuyó a frenar parte del deterioro, el avance de sectores económicos y el calentamiento complican su aplicación efectiva.
La Ley tiene como objetivo proteger los glaciares y el ambiente periglacial, considerándolos reservas estratégicas de agua y elementos importantes para la biodiversidad y la investigación científica. La ley prohíbe actividades que puedan afectar la condición natural de los glaciares, como la liberación de contaminantes, la construcción de infraestructuras y la exploración minera e hidrocarburífera, aunque permite investigaciones científicas y deportes de bajo impacto. Sin embargo, se planteó la reforma de la Ley de Glaciares por decreto para facilitar la exploración minera. La falta de voluntad política, sumada a la mutación climática, pone en riesgo su aplicación efectiva y la conservación de los ecosistemas de alta montaña.
Estas gigantescas masas de hielo en el país se extienden a lo largo de 3.500 kilómetros en la cordillera de los Andes y son la principal reserva de agua dulce del país. Su rol es fundamental para:
- Sostener actividades agrícolas.
- Regular el equilibrio ecológico de alta montaña.
- Abastecer cuencas hídricas.
- Impulsar el turismo en la naturaleza.
Rodolfo Iturraspe, especialista en tema Glaciares de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego e ingeniero en Recursos Hídricos, expresó “que el proceso de extinción de los glaciares ya está en marcha”, y como ejemplo citó el caso del Ventisquero Negro del Cerro Tronador, que dio lugar a la aparición de un nuevo lago entre 1990 y 2021.
Por su parte Leandro Gómez, coordinador de la Fundación de Ambiente y Recursos Naturales, indicó que “si bien la actividad minera está prohibida, en los últimos años se registra un avance de ese sector para comenzar a explorar en zonas de glaciares”, a lo cual se suma “una mutación del calentamiento global que afecta la situación”.
El Perito Moreno, uno de los pocos glaciares que hasta hace poco mantenía un comportamiento estable, frente al calentamiento global, está perdiendo masa a un ritmo alarmante.
Tras décadas desafiando la tendencia mundial de los glaciares en retroceso, hoy, este gigante de hielo está entrando en una fase de deshielo que podría marcar el fin de su estabilidad.
El glaciar ya no regresa a su posición anterior, como sucedía en el pasado. Este fenómeno comenzó a observarse en 2022 y continuó constante en los años siguientes. El sector más afectado por este retroceso es la margen norte, la parte más alejada de las pasarelas turísticas y también la más profunda del Lago Argentino.
El Perito Moreno, parte del Patrimonio de la Humanidad desde 1981, ya no es la excepción en un paisaje glaciar que está siendo transformado por el calentamiento global. Estamos cavando la tumba de los glaciares del mundo, y el Perito Moreno es solo uno de los muchos ejemplos de lo que está por venir.
Para proteger los glaciares, la medida más importante es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero con el fin de combatir el cambio climatico. Esto implica disminuir el consumo de energía, optar por fuentes renovables, mejorar la eficiencia energética y promover prácticas sostenibles. Además, es crucial proteger los ecosistemas cercanos a los glaciares, gestionar con eficiencia el agua de deshielo y apoyar a las comunidades que dependen de ellos.
Cristián Frers – Técnico Superior en Gestión Ambiental y Técnico Superior en Comunicación Social (Periodista).