Un equipo científico creó un material capaz de eliminar arsénico y otros contaminantes del agua sin electricidad. El avance, probado bajo normas de ANMAT, abre expectativas para la región.
Un grupo de investigadores del Instituto de Física de Buenos Aires (IFIBA), dependiente del CONICET y la Universidad de Buenos Aires, desarrolló un material innovador capaz de remover arsénico y múltiples contaminantes del agua de consumo sin necesidad de energía eléctrica.
El hallazgo representa un avance relevante en materia de salud pública, especialmente para localidades bonaerenses donde la presencia de arsénico en napas subterráneas constituye una preocupación sostenida.
Cómo funciona el sistema contra el arsénico
El nuevo compuesto está basado en carbón activado modificado con sales metálicas y un polímero comestible. Según explicaron los investigadores, este “relleno” puede reemplazar el carbón convencional utilizado en filtros domiciliarios, potenciando su capacidad de purificación.
Una de las principales ventajas del sistema es que funciona por filtrado directo, sin requerir electricidad. Esto permite su aplicación en jarras filtrantes, dispositivos de mesada o incluso tanques de almacenamiento en zonas rurales, ampliando su alcance a comunidades con infraestructura limitada.
En pruebas de laboratorio, el material logró tratar hasta 8.000 litros de agua con alta concentración de arsénico, reduciéndola a menos de 10 partes por billón (ppb), el límite máximo recomendado para que el agua sea considerada segura para el consumo humano.
Además del arsénico, el desarrollo mostró eficacia para eliminar bacterias, virus, pesticidas, herbicidas como el paraquat, atrazina y restos de antibióticos, lo que lo convierte en una solución multifunción frente a distintos tipos de contaminación.
Impacto regional y contexto sanitario
La presencia de arsénico en el agua subterránea es un fenómeno natural en amplias regiones del país, particularmente en zonas de la llanura pampeana. En ciudades como Luján, el tema forma parte recurrente de la agenda sanitaria local.
En ese sentido, funcionarios provinciales, señalaron en distintas oportunidades que el agua de red es apta para el consumo, mientras que en el caso de los pozos particulares la seguridad depende de la profundidad y de la correcta realización de la perforación.
El nuevo desarrollo científico podría convertirse en una herramienta complementaria para hogares que utilizan agua de pozo o que buscan reforzar la calidad del suministro, aunque su implementación a gran escala dependerá de procesos industriales y validaciones adicionales.
Proyección y posibles mejoras
La investigadora Silvia Goyanes, responsable del proyecto, destacó que el material es de bajo costo y de producción relativamente sencilla a escala industrial. Asimismo, el equipo analiza la posibilidad de incorporar propiedades magnéticas que permitan integrar sensores capaces de indicar cuándo el filtro se ha saturado y requiere reemplazo.
El avance fue probado bajo normas de la ANMAT, lo que respalda su evaluación en condiciones controladas. Si bien todavía no se anunció su comercialización masiva, el desarrollo abre una perspectiva alentadora frente a una problemática estructural que afecta a distintas comunidades del país.
Con una tecnología accesible, sin consumo eléctrico y de potencial bajo costo, el nuevo material representa una alternativa prometedora en la lucha contra el arsénico en el agua potable, una cuestión que impacta directamente en la salud pública.
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