Incendios forestales: la salud respiratoria en alerta

Radio Estación Luján
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La Asociación Argentina de Medicina Respiratoria advierte sobre el impacto del humo de los Incendios forestales en la salud pública, mientras 16 provincias enfrentan condiciones críticas por fuegos que deterioran gravemente la calidad del aire nacional.

La persistente presencia de humo en vastas regiones de Argentina ha dejado de ser una preocupación meramente ambiental para transformarse en una crisis de salud pública. La Asociación Argentina de Medicina Respiratoria (AAMR) manifestó su profunda preocupación ante el incremento de las consultas por afecciones en las vías aéreas, la exacerbación de patologías crónicas y el aumento de ingresos en los servicios de emergencia en distintos puntos del país.

Según datos proporcionados por el Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF) y el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), la situación es alarmante: 16 provincias argentinas se encuentran actualmente bajo un nivel de alerta calificado como “potencialmente explosivo o extremadamente crítico”.

El alcance geográfico de la emergencia

La magnitud del fenómeno abarca gran parte del territorio nacional. Las provincias que presentan un riesgo extremo o que han registrado focos activos en las últimas semanas incluyen a Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Tucumán, Santiago del Estero, La Rioja, San Luis, Mendoza, La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego.

Esta dispersión geográfica implica que las columnas de humo no se limitan a las áreas rurales o de vegetación autóctona. El desplazamiento de las masas de aire contaminado ha alcanzado centros urbanos densamente poblados, reduciendo drásticamente la visibilidad y comprometiendo la calidad del aire que respiran millones de ciudadanos.

El impacto crítico de los incendios forestales

La problemática de los incendios forestales conlleva la liberación de una compleja mezcla de contaminantes. El humo generado por la combustión de biomasa contiene material particulado fino (PM2.5 y PM10), además de gases tóxicos como monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles.

Estas partículas diminutas tienen la capacidad de viajar cientos de kilómetros desde el foco del fuego, penetrando profundamente en los pulmones de las personas, incluso en ciudades alejadas de las llamas. Los especialistas advierten que la inhalación de estas sustancias produce irritación inmediata en ojos, nariz y garganta, pero sus efectos más graves se observan en el agravamiento de enfermedades preexistentes como el asma y la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), además de incrementar el riesgo de infecciones bronquiales.

Población vulnerable y medidas de cuidado

El riesgo sanitario no es uniforme, afectando con mayor severidad a los grupos vulnerables. Niños, adultos mayores de 65 años y personas con antecedentes cardiovasculares o respiratorios deben extremar los cuidados. Ante este escenario, la AAMR ha difundido una serie de recomendaciones esenciales para mitigar la exposición:

  • Aislamiento en interiores: Mantener puertas y ventanas cerradas para evitar que el aire contaminado ingrese a la vivienda.

  • Gestión del aire acondicionado: Utilizar los equipos en modo recirculación, asegurando que la entrada de aire exterior permanezca cerrada y los filtros estén limpios.

  • Reducción de contaminantes internos: Evitar encender velas, chimeneas o fumar dentro del hogar.

  • Suspensión de actividad física: Limitar los ejercicios al aire libre, especialmente aquellos de alta intensidad, mientras persista la bruma.

  • Protección específica: En caso de necesidad de circular en zonas afectadas, se recomienda el uso de mascarillas N95 o FFP2, ya que los barbijos quirúrgicos comunes no filtran las partículas finas del humo.

Un llamado a la acción federal y coordinada

La recurrencia de estos eventos pone de manifiesto la necesidad de integrar la salud pública en las políticas de manejo del fuego. Desde la AAMR enfatizan que el humo es un contaminante serio que altera la función pulmonar de manera significativa y que la situación requiere estrategias de mitigación coordinadas entre los distintos niveles de gobierno.

Especialistas del sector concluyen que los incendios no deben ser vistos únicamente como una pérdida de paisaje o biodiversidad, sino como una amenaza directa a la integridad física de la población. La prevención y la respuesta rápida ante los focos ígneos son, en última instancia, las herramientas más efectivas para proteger el sistema sanitario nacional frente a una demanda que continúa en ascenso.

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