Un análisis detallado revela el profundo deterioro de los haberes previsionales durante el último lustro, donde los cambios de fórmula y la inflación provocaron pérdidas de hasta el 50% real.
La situación del sistema previsional en Argentina no puede entenderse únicamente a través de los aumentos mensuales actuales. Para comprender el presente de los beneficiarios, es imperativo analizar el retroceso histórico que sufrieron los ingresos de los adultos mayores en el período comprendido entre 2020 y principios de 2024, una etapa marcada por cambios legislativos y una inflación que superó sistemáticamente las previsiones oficiales.
Durante este ciclo, la capacidad de compra de los jubilados experimentó una de las contracciones más severas de las últimas décadas. Según datos técnicos y registros históricos, la implementación de diferentes mecanismos de actualización no logró compensar la aceleración de precios, generando una brecha que aún hoy condiciona la economía de millones de hogares.
El impacto de la fórmula de movilidad (2021-2024)
Uno de los momentos más críticos para el sector se dio bajo la vigencia de la fórmula de movilidad anterior, que rigió desde principios de 2021 hasta marzo de 2024. Este esquema, basado en una combinación de la recaudación tributaria y la evolución de los salarios, mostró serias deficiencias en contextos de alta inflación.
Informes especializados confirman que, solo en ese período, la caída de los haberes en términos reales alcanzó el 50%. La demora en la actualización de los montos, que se realizaba de forma trimestral, provocaba que el dinero perdiera valor frente a los precios de la canasta básica antes de que se aplicara el siguiente ajuste. Esta situación afectó de manera transversal a todo el sistema, pero tuvo consecuencias particularmente graves para quienes no fueron alcanzados por las medidas paliativas del Gobierno.
La evolución previsional y el efecto del bono
A partir de septiembre de 2022, la gestión previsional comenzó a implementar el pago de bonos extraordinarios como una herramienta para intentar frenar la caída de los sectores con menores ingresos. Sin embargo, esta estrategia generó lo que los expertos denominan el “achatamiento de la pirámide”.
Mientras que los beneficiarios del haber mínimo recibían estos refuerzos para mitigar el impacto inflacionario, aquellos que aportaron durante toda su vida laboral y perciben haberes medios o superiores fueron excluidos de estos adicionales. Este grupo fue el que mayor poder de compra perdió entre 2020 y principios de 2024, ya que sus ingresos dependieron exclusivamente de una fórmula de movilidad que corría muy por detrás del Índice de Precios al Consumidor (IPC). La falta de actualización de estos bonos, una tendencia que se observa incluso en el presente de 2026, comenzó a gestarse como una distorsión estructural del sistema.
La brecha entre haberes mínimos y escalas superiores
La discriminación entre quienes perciben bonos y quienes no, ha dejado una huella profunda en el sistema contributivo. Cerca de 3 millones de personas no percibieron refuerzos por tener ingresos ligeramente superiores a la mínima o por poseer dos prestaciones (jubilación y pensión). Para este sector, el retroceso real fue constante, sin mecanismos de compensación ante las devaluaciones y los saltos inflacionarios.
A pesar de que en el último año (2025) se observó una estabilización donde las jubilaciones “puras” lograron empatar a la inflación, los especialistas advierten que este fenómeno ocurre sobre una base ya deteriorada. La recuperación total de lo perdido en el período 2020-2024 requeriría una recomposición salarial que, hasta el momento, no se ha materializado en el diseño de las políticas públicas actuales.
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