El consumo excesivo de sodio preocupa a especialistas y autoridades sanitarias. Advierten que la alimentación actual duplica los límites recomendados y aumenta enfermedades cardiovasculares y renales.
La Semana Mundial de Sensibilización sobre la Sal volvió a poner en agenda un problema que afecta a millones de personas en todo el mundo: el consumo excesivo de sodio. La campaña, impulsada cada mayo por organizaciones de salud y entidades científicas, busca generar conciencia sobre los riesgos asociados a una dieta con altos niveles de sal y promover políticas públicas que contribuyan a reducir su presencia en los alimentos industrializados.
Desde el Colegio de Nutricionistas de la Provincia de Buenos Aires remarcaron que esta iniciativa no solo apunta a informar a la población, sino también a promover medidas concretas respaldadas por evidencia científica. El objetivo es reducir la incidencia de enfermedades crónicas no transmisibles, especialmente las cardiovasculares, que continúan siendo una de las principales causas de muerte y discapacidad a nivel global.
Sodio y enfermedades cardiovasculares
El vínculo entre el exceso de sodio y la hipertensión arterial está ampliamente documentado por la comunidad científica. El aumento sostenido de la presión arterial incrementa considerablemente el riesgo de sufrir infartos, accidentes cerebrovasculares y otras complicaciones cardíacas.
Sin embargo, los efectos negativos no se limitan al sistema cardiovascular. Investigaciones recientes también muestran que una ingesta elevada de sal acelera el deterioro de la función renal, favorece la pérdida de proteínas en la orina y agrava el cuadro clínico de personas que ya padecen enfermedad renal.
La Organización Mundial de la Salud recomienda que los adultos consuman menos de 5 gramos de sal por día, equivalentes a unos 2 gramos de sodio. Esa cifra fue establecida a partir de estudios que demostraron que reducir el consumo disminuye significativamente la presión arterial y el riesgo de complicaciones cardiovasculares.
Pese a ello, la realidad está lejos de esa meta. En la mayoría de los países el promedio de consumo duplica el límite sugerido, principalmente por la presencia de sodio en productos ultraprocesados como embutidos, fiambres, snacks, conservas, aderezos, panificados y comidas precocidas.
El consumo de sal en Argentina
Argentina no es ajena a este escenario. Según datos oficiales del Ministerio de Salud de la Nación, cada persona consume entre 10 y 12 gramos de sal diarios, más del doble de lo recomendado por la OMS.
La licenciada en Nutrición Paola Del Grosso, matriculada en el Colegio de Nutricionistas bonaerense, explicó que gran parte del problema está relacionado con los alimentos industrializados y no con la sal agregada durante las comidas.
“El origen de este exceso no está en el salero de la mesa, como muchos podrían pensar. Entre el 65% y el 70% del sodio que consumimos proviene de alimentos procesados e industrializados. La sal que agregamos al cocinar o al comer representa solo una fracción menor del total”, sostuvo la especialista.
Los datos de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo de 2018 reflejan el impacto sanitario de este patrón alimentario. Entre el 34% y el 46% de los adultos argentinos presenta hipertensión arterial, una condición estrechamente asociada a enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares e insuficiencia renal crónica.
Educación alimentaria y control de etiquetas
Especialistas coinciden en que disminuir el consumo de sodio requiere un abordaje integral que combine cambios individuales con políticas públicas.
En ese sentido, Del Grosso señaló que no alcanza con recomendar menos sal en la mesa. También es necesario fortalecer la educación alimentaria, fomentar la lectura de etiquetas y promover que la industria reformule sus productos para reducir el contenido de sodio.
“Gran parte del sodio que ingerimos está oculto en alimentos procesados, ya sea como sal añadida o como componente de aditivos como leudantes químicos, resaltadores del sabor y conservantes”, explicó.
La nutricionista remarcó además que el rol de los profesionales de la salud es clave para ayudar a la población a identificar las principales fuentes de sodio y tomar decisiones alimentarias más saludables.
Cambiar hábitos para prevenir enfermedades
Los especialistas sostienen que actuar a tiempo puede generar beneficios importantes tanto en personas sanas como en pacientes que ya presentan enfermedades crónicas.
En prevención primaria, reducir el consumo de sodio ayuda a disminuir el riesgo de hipertensión arterial y síndrome metabólico. En quienes ya tienen diagnóstico de hipertensión o insuficiencia cardíaca, una restricción moderada de sal forma parte del tratamiento no farmacológico y puede mejorar la evolución clínica.
La recomendación principal apunta a priorizar alimentos frescos y reducir el consumo de ultraprocesados. Frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, carnes y huevos permiten un mayor control sobre la cantidad de sodio incorporada en la dieta diaria.
Además, existen alternativas para realzar el sabor de las comidas sin recurrir a grandes cantidades de sal. Hierbas aromáticas, especias, ajo, jugo de limón, vinagre o aceto son algunas de las opciones sugeridas por los especialistas.
Un desafío de salud pública
Desde el Colegio de Nutricionistas de la Provincia de Buenos Aires advirtieron que la reducción del consumo de sal debe convertirse en una prioridad sanitaria debido a su impacto directo en la carga de enfermedades cardiovasculares.
La entidad consideró fundamental avanzar en tres ejes principales: generar mayor conciencia en la población, impulsar políticas que obliguen a la industria alimentaria a reformular productos y facilitar información clara para que las personas puedan elegir alimentos más saludables.
La advertencia de los especialistas es contundente: disminuir el exceso de sodio no implica eliminar por completo la sal, sino transformar los hábitos alimentarios y reducir la dependencia de productos industrializados. El desafío, sostienen, es construir entornos que favorezcan decisiones más saludables y contribuyan a prevenir enfermedades que hoy afectan a gran parte de la población.
El diario

