El delivery en Argentina creció como alternativa laboral, pero los ingresos deben analizarse junto con combustible, mantenimiento, seguros, financiamiento y cantidad de horas trabajadas.
El trabajo de reparto mediante aplicaciones ganó espacio en el mercado laboral argentino como una alternativa para generar ingresos, ya sea como actividad principal o como complemento de otro empleo. La modalidad ofrece flexibilidad para elegir horarios y aceptar pedidos, pero también implica costos que reducen la diferencia entre la facturación y el dinero efectivamente disponible.
El contexto laboral ayuda a explicar el crecimiento de estas actividades. Según los datos consignados en el informe, la tasa de desocupación alcanzó el 7,9% durante el segundo trimestre de 2026, frente al 7,6% registrado durante el mismo período del año anterior.
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Entre los jóvenes, la situación presenta niveles superiores: durante el primer trimestre de 2026, la desocupación fue del 15,5% entre las mujeres de 14 a 29 años y del 14,6% entre los varones de esa franja.
Delivery en Argentina: una actividad en expansión
El reparto mediante aplicaciones forma parte de una transformación en las formas de generar ingresos. La principal característica es la posibilidad de conectarse durante determinados períodos, aceptar pedidos y combinar incluso distintas plataformas.
Esta flexibilidad puede resultar atractiva para quienes necesitan una fuente de ingresos y también para quienes buscan complementar lo obtenido mediante otra actividad. Sin embargo, la disponibilidad horaria no necesariamente se traduce en un ingreso equivalente al de un empleo tradicional, porque el trabajador debe asumir diferentes gastos vinculados con el desarrollo cotidiano de la actividad.
La dimensión del sector tampoco resulta sencilla de establecer con exactitud. Las empresas no publican un registro unificado de trabajadores y existen diferentes modalidades de vinculación con las plataformas. Una estimación del Sindicato de Base de Trabajadores de Reparto por Aplicación (SiTraRepA) señalaba que en 2020 había alrededor de 100.000 repartidores y conductores vinculados con aplicaciones. Actualmente, según esa estimación, la cifra superaría el millón.
El crecimiento de la actividad plantea así una cuestión central: cuánto dinero genera un repartidor y cuánto queda realmente después de afrontar los costos necesarios para continuar trabajando.
Un cálculo de Fundación Encuentro realizado para marzo de 2026 ubicó en $3.165,20 el valor promedio de un pedido de delivery. A partir de ese monto se estimó la cantidad de entregas necesarias para alcanzar diferentes niveles de ingresos y afrontar determinados gastos.
La diferencia entre facturación y dinero disponible
Según ese cálculo, un trabajador necesitaría realizar 453 pedidos para cubrir la canasta básica de un hogar integrado por cuatro personas. Para alcanzar un ingreso individual promedio se estimaron 320 pedidos, mientras que para cubrir una canasta básica individual serían necesarios 147.
El mismo estudio calculó 250 entregas para afrontar un alquiler promedio, 111 para alcanzar el salario mínimo y 13 para cubrir el monotributo. La cantidad de pedidos requerida permite observar cómo las necesidades económicas se traducen directamente en tiempo de conexión y volumen de trabajo.
Para completar los 453 pedidos mensuales, el cálculo estimó cerca de 12 horas de trabajo por día. Con un día de descanso semanal, el ritmo necesario sería de aproximadamente 20 pedidos diarios, mientras que con dos días libres subiría a unos 23.
Pero esas cifras representan una referencia sobre los ingresos generados por los pedidos y no equivalen al dinero disponible después de los gastos. El cálculo no contempla las propinas y tampoco descuenta combustible, mantenimiento, reparaciones o telefonía móvil.
La diferencia resulta especialmente relevante cuando la motocicleta o la bicicleta constituyen la principal herramienta de trabajo. El combustible, el desgaste, los neumáticos y las reparaciones pueden reducir de manera considerable el ingreso efectivo.
Por eso, calcular la rentabilidad de la actividad requiere considerar no solamente cuánto se cobra por cada entrega, sino también cuánto cuesta mantenerse en condiciones de continuar trabajando. Una avería puede significar un gasto inesperado y, al mismo tiempo, una interrupción de los ingresos.
El crédito y el crecimiento del endeudamiento
A los costos cotidianos se suma otra variable: el financiamiento. De acuerdo con un informe del Banco Central sobre proveedores no financieros de crédito, la cantidad de deudores vinculados con plataformas de la economía gig aumentó un 177% entre diciembre de 2023 y diciembre de 2024 y volvió a crecer un 122% durante 2025.
Entre los monotributistas que trabajan mediante estas plataformas, el saldo promedio de financiamiento rondaba los $900.000 a fines de 2025. Parte de estos préstamos se utiliza para comprar o reparar vehículos y adquirir equipamiento necesario para trabajar.
El acceso al crédito puede resultar especialmente relevante para trabajadores que encuentran dificultades para cumplir los requisitos tradicionales del sistema bancario. Las plataformas, además, pueden utilizar información generada por la propia actividad, como antigüedad, pedidos aceptados y calificaciones, para construir perfiles crediticios.
Pero el financiamiento también agrega una obligación a ingresos que ya están condicionados por los gastos operativos. En algunos casos, las cuotas pueden descontarse directamente de las comisiones obtenidas por los repartos.
La realidad del delivery combina así flexibilidad, generación de ingresos y costos que deben ser considerados antes de evaluar cuánto representa realmente la actividad. La cantidad de horas trabajadas, el mantenimiento del vehículo y el nivel de endeudamiento son factores centrales para determinar el resultado económico de cada trabajador.
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