El uso inadecuado de antibióticos continúa siendo una preocupación para la salud pública. Especialistas advierten sobre sus consecuencias en la resistencia bacteriana, la microbiota intestinal y el ambiente.
El uso incorrecto de los antibióticos continúa representando uno de los mayores desafíos para los sistemas sanitarios de todo el mundo. Aunque estos medicamentos constituyen una herramienta indispensable para combatir infecciones bacterianas, los especialistas advierten que su utilización sin indicación médica, la automedicación o los tratamientos inadecuados favorecen la aparición de bacterias resistentes y generan consecuencias que afectan tanto a las personas como a la comunidad.
Los expertos señalan que aún persisten prácticas que comprometen la eficacia de estos medicamentos. Entre ellas, iniciar tratamientos sin contar con evidencia suficiente de una infección bacteriana, utilizarlos para enfermedades de origen viral, prolongar los tratamientos más tiempo del indicado o no adecuarlos de acuerdo con los resultados microbiológicos disponibles.
Estas conductas, lejos de mejorar la evolución de los pacientes, incrementan el riesgo de efectos adversos y favorecen un fenómeno que preocupa a la comunidad científica: la resistencia bacteriana.
Corina Nemirovsky, médica infectóloga y docente de la carrera de especialización en Infectología de la Universidad Hospital Italiano, explicó que el uso inadecuado de estos medicamentos tiene consecuencias que exceden a quien los consume.
“Este uso inadecuado y muchas veces innecesario tiene consecuencias tanto a nivel individual como social”, advirtió la especialista.
Antibióticos y resistencia bacteriana
La resistencia bacteriana ocurre cuando determinadas bacterias desarrollan mecanismos que les permiten sobrevivir a la acción de los antibióticos. Como consecuencia, infecciones que anteriormente podían tratarse con facilidad se vuelven cada vez más difíciles de controlar.
Los especialistas remarcan que este proceso no implica que el organismo de una persona se vuelva resistente, sino que son las bacterias las que adquieren esa capacidad de defensa frente a los medicamentos.
Cuando esto sucede, las alternativas terapéuticas disponibles disminuyen y, en algunos casos, resulta necesario recurrir a tratamientos más complejos, prolongados o con mayores posibilidades de producir efectos secundarios.
Además, la resistencia bacteriana no queda limitada a quien recibió el tratamiento. Las bacterias resistentes pueden transmitirse entre personas y también llegar al ambiente.
Según explicó Nemirovsky, estas resistencias pueden eliminarse a través de las excretas y alcanzar cursos de agua, favoreciendo un ciclo de propagación que incrementa el problema sanitario.
Por ese motivo, organismos internacionales consideran que el uso racional de antibióticos constituye una estrategia esencial para preservar su eficacia tanto en la actualidad como para las futuras generaciones.
Riesgos que muchas veces pasan desapercibidos
Además de favorecer la resistencia bacteriana, los antibióticos no son medicamentos inocuos y pueden provocar distintos efectos adversos.
Entre las complicaciones más frecuentes figuran las reacciones alérgicas, alteraciones cutáneas y trastornos digestivos, aunque uno de los aspectos que genera mayor interés en la actualidad es el impacto sobre la microbiota intestinal.
Esta comunidad de microorganismos cumple funciones esenciales para el equilibrio del organismo y participa en procesos vinculados con la digestión, la producción de determinadas sustancias y el funcionamiento del sistema inmunológico.
Cuando un antibiótico elimina bacterias responsables de una infección, también puede afectar microorganismos beneficiosos que forman parte de ese ecosistema.
Como consecuencia, puede producirse un desequilibrio cuya recuperación demanda tiempo y depende, entre otros factores, del estado de salud de cada persona.
Los especialistas aclaran que esto no significa que los antibióticos deban evitarse cuando realmente son necesarios. Por el contrario, insisten en que deben utilizarse exclusivamente bajo indicación médica y respetando la dosis y la duración del tratamiento prescriptas.
El impacto ambiental del descarte incorrecto
Otra práctica que preocupa a los profesionales de la salud es el destino que reciben los antibióticos que sobran luego de finalizar un tratamiento.
En muchos hogares permanecen guardados durante meses para una futura automedicación o terminan siendo descartados junto con los residuos domiciliarios o directamente por el inodoro.
Estas acciones contribuyen a la contaminación ambiental y favorecen la presencia de residuos farmacológicos en distintos ecosistemas.
Los especialistas recomiendan no conservar antibióticos para utilizarlos posteriormente sin control médico y llevar aquellos medicamentos vencidos o sobrantes a los puntos habilitados para su disposición segura, como las farmacias hospitalarias u otros centros autorizados.
Un compromiso de toda la sociedad
La comunidad médica insiste en que preservar la eficacia de los antibióticos requiere el compromiso conjunto de pacientes, profesionales de la salud e instituciones sanitarias.
Evitar la automedicación, no exigir antibióticos cuando el cuadro clínico corresponde a una infección viral, respetar la duración indicada del tratamiento y no suspenderlo antes de tiempo son algunas de las medidas más importantes para reducir la aparición de bacterias resistentes.
A ello se suma la necesidad de fortalecer las estrategias de uso racional dentro de los sistemas de salud, promoviendo diagnósticos precisos y tratamientos ajustados a cada paciente.
Los especialistas coinciden en que los antibióticos siguen siendo uno de los mayores avances de la medicina moderna, pero advierten que su efectividad depende del uso responsable. Cada decisión relacionada con estos medicamentos tiene un impacto que trasciende al individuo y puede influir en la salud colectiva, razón por la cual insisten en que deben utilizarse únicamente cuando exista una indicación médica fundamentada.
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